La importancia del acompañamiento familiar e institucional ante el impacto de las redes sociales.
23/10/2026 · 00:53 hs
A raíz de la conmoción generada en Catamarca por la difusión de un video donde una estudiante de 17 años relataba con desparpajo el hostigamiento hacia una compañera, el debate sobre el acoso escolar y la violencia psicológica en la adolescencia volvió a instalarse con fuerza.
La licenciada Camila Pioli, psicóloga del Hospital de Niños Eva Perón, remarcó a Radio El Esquiú 95.3 acerca de la falta de empatía reflejada en las publicaciones virales. Al respecto advirtió sobre el desconcierto que estos hechos generan en el mundo adulto: “Esto nos deja, sobre todo a los adultos, en una perplejidad que habla de cierto no saber, de un desconcierto y sorpresa horrorosa. Pero son nuestros adolescentes, no hay que dejar eso de lado”.
En ese sentido, la especialista hizo hincapié en la necesidad de que tanto las familias como las escuelas y los centros de salud asuman un rol activo como marcos de contención y guía frente al uso desmedido de las plataformas digitales. “Para que haya empatía tiene que haber una referencia del otro, y tiene que ser una construcción en la que nosotros, como adultos, escuelas e instituciones de salud, podamos brindar los límites de cómo se trata al otro y cuál es el borde de lo íntimo y lo privado”, afirmó.
Asimismo, señaló cómo el uso de teléfonos móviles y la búsqueda constante de la mirada ajena impulsan la exposición de situaciones cruentas sin medir las consecuencias a largo plazo y destacó que la sobreexposición pública deja marcas profundas en las y los jóvenes involucrados.
Asimismo, la profesional reflexionó sobre la delgada línea entre la privacidad y la agresión en torno a la sexualidad adolescente, un factor recurrente en los casos de hostigamiento digital: “Antes había un ‘no’ o un ‘sí’ que daba orientación. Ahora pareciera que todo es posible para cada uno, y en la adolescencia se vuelve brutal esa falta de referencia sobre la sexualidad, lo privado, lo íntimo y el lazo afectivo”.
Frente al papel que desempeñan los establecimientos educativos, Pioli enfatizó que la intervención debe ir más allá de las sanciones disciplinarias o medidas extremas como las expulsiones. “En la escuela se tiene que autorizar más a enunciar lo que pasa, no llegar al límite de la expulsión para recién intervenir. Hay que apostar al encuentro con la palabra, dar lugar a la pregunta y brindar herramientas antes de que queden sueltos”, sostuvo.
Finalmente, la psicóloga instó a las familias a involucrarse sin temor a poner límites claros que permitan una convivencia saludable, haciendo una analogía con el aprendizaje de las pautas básicas de cuidado: “Un niño aprende que para cruzar la calle tiene que detenerse y mirar. No es algo con lo que nace, es una incorporación referida por un adulto. Con la vida y las redes pasa lo mismo: poner un límite no es reprimir, es ofrecer las barreras que permiten avanzar de forma segura”.











