El señor Ramón Márquez está parado en la esquina de San Martín y 25 de Mayo, en el corazón de San Miguel de Tucumán. Ya pasaron unos minutos de la una de la tarde, ya comienzan a tronar las persianas de los comercios para irse a dormir la siesta, pero él sigue ahí. Los autos le pasan de cerca cuando se pone el semáforo en verde, pero nadie lo toca.
“Hace 13 años que estoy con las masas. Arranqué pidiendo limosnas, aquí en el centro, en la peatonal. Pasa que me quedé sin laburo por una discapacidad y quedé en la calle. De limosna tras limosna, iba guardando un poco por semana y así llegué a este trabajo. Ahorraba todas las semanas un poco, iba a la fábrica de masas, señaba el producto sin retirar hasta el día que llegué a juntar lo que me faltaba, retiré el producto y salí a la calle. Así empecé”.
Hice la escuela primaria en Concepción del Sur y en el 71 me vine para la Capital y aquí ya me radiqué. De niño lustraba y dormía allá, en la plaza Independencia. Pero nunca nadie me molestó.
“Mire lo que son. Aquí están. Todas ordenadas, listas para disfrutar. Le cuento: tengo alfajorcitos de miel de caña y dulce de leche, arrope de tuna y de chañar, el mismo alfajor pero tamaño grande de miel de caña, la milhojas con crema y dulce de leche toda en masa de hojaldre, maicena con dulce de leche, chocolate con dulce de leche, pañuelito con dulce de leche y pañuelito con crema pastelera, y después la palmerita, la lengüita y el cañoncito”.
Para que nadie se enoje, Ramón aclara que los alfajores y el arrope no son de la fábrica de masas de Ciudadela sino que tienen el sabor del patrono de la tucumanidad hecha caña, del lugar donde nacieron nada más y nada menos que los ingenios San Pablo y Mercedes, de San Isidro de Lules: “Llamo al celular que figura en el paquete y me lo traen en la traffic al lugar donde me hospedo, a la par del colegio de los curas, en Villa San Cayetano”.
Desde ahí, desde San Cayetano, nuestro santo de las masas tiene un ritual: “A las 3.30 de la madrugada ya estoy en la fábrica. Voy caminando con el carrito desde Villa San Cayetano hasta Ciudadela. Ahí retiro el producto y ya me vengo al centro vendiendo. En un buen día, viernes, sábado o domingo, puedo llevar a vender más de 100 masas.
Fuente: El Tucumano











