
Las explosivas declaraciones de Diego Milito tras la eliminación de Racing frente a Rosario Central terminaron de exponer una grieta que venía creciendo desde hace tiempo entre el presidente de la Academia y la conducción de la AFA. Después de denunciar que el fútbol argentino “está roto” y asegurar que su club se sintió “robado”, el exdelantero rompió un silencio que había sostenido desde su llegada a la dirigencia y dejó al descubierto tensiones políticas, personales y de gestión que en Viamonte arrastran desde mucho antes de su desembarco en Avellaneda. En la AFA, desde hace tiempo lo observan como alguien ubicado en “la vereda de enfrente”, aun cuando Milito había intentado sostener hasta ahora un perfil relativamente bajo y alejado de las polémicas.
Desde hace tiempo en AFA lo observan como alguien ubicado decididamente en “la vereda de enfrente”, aun cuando el exgoleador había intentado sostener hasta ahora un perfil relativamente bajo y alejado de las polémicas. Puertas adentro entienden que las declaraciones no fueron el verdadero problema, sino la forma en la que Milito se manejó políticamente desde su llegada a Racing. Algunos las interpretan como “un momento de calentura”, una reacción inevitable para amortiguar las críticas de los hinchas y socios de Racing, que reclaman “más peso en la AFA” o, directamente, una postura más confrontativa, como la que adoptó River cuando el 5 de marzo anunció oficialmente su salida del Comité Ejecutivo por considerar que ya no existían “las garantías procedimentales necesarias para asegurar un proceso claro y previsible en la toma de decisiones de ese cuerpo”.
¡Atención a la frase con la que cerró su conferencia de prensa Diego Milito en Rosario!
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— SportsCenter (@SC_ESPN) May 14, 2026
También aparece otra lectura, menos política y más futbolera: que el estallido sirvió para correr el foco de la campaña irregular del equipo, que si bien logró clasificarse a los cuartos de final del Apertura, apenas ganó seis de sus 18 partidos y consiguió el pase a los playoffs sobre el cierre de la etapa regular.
Cerca de Claudio Tapia sostienen que Milito “rompió los códigos” desde el inicio y que irrumpió “con el pie izquierdo” en el mundo dirigencial. En diciembre de 2024, el ídolo académico ganó las elecciones con el 60% de los votos frente a Christian Devia, candidato del oficialismo, cuya fórmula llevaba como vicepresidente primero a Víctor Blanco, el empresario español que logró estabilizar a Racing desde lo económico e institucional y posicionarlo nuevamente entre los clubes más competitivos del país, con la conquista de un torneo local, tres copas nacionales y un título internacional; y que durante siete años fue secretario general de la AFA, desde el comienzo del ciclo Tapia hasta su salida de Racing.
Blanco, que también aparece procesado y embargado junto con Tapia; Pablo Toviggino, tesorero de AFA; Cristian Malaspina, actual secretario general; y Gustavo Lorenzo, gerente general, en la causa que investiga una posible apropiación indebida de tributos agravada y de recursos de la seguridad social por más de 19.300 millones de pesos que la entidad no habría abonado en término, construyó una relación de confianza tanto con la cúpula como con buena parte de los dirigentes del fútbol argentino.
Milito, en cambio, nunca terminó de integrarse del todo. Ya era observado de reojo por no pertenecer al círculo histórico de la AFA y por manejarse con una lógica distinta, más cercana al perfil empresarial europeo que al entramado político tradicional. Había convivido con Blanco en dos etapas: primero como jugador y luego como secretario deportivo, aunque la relación entre ambos terminó deteriorándose hasta el portazo de 2020. En 2024, volvió en busca del poder absoluto.

Las críticas hacia Blanco fueron, para muchos, su pecado original. Aunque le alcanzaron para ganar las elecciones en Racing, dentro de la AFA fueron interpretadas como una ruptura de esos “códigos” que los dirigentes suelen repetir casi como una palabra sagrada. Algo parecido ocurrió con Matías Mariotto en Banfield: asumió con fuertes cuestionamientos hacia Eduardo Spinosa, un hombre históricamente cercano al poder y con gran capacidad para moverse dentro de la política del fútbol. Mariotto incluso exhibió en el cartel electrónico del Florencio Sola los números preliminares del balance económico heredado y luego cargó públicamente contra el arbitraje y contra Pablo Toviggino tras una derrota frente a Estudiantes, en medio de una seguidilla de partidos en la que el Taladro venía siendo perjudicado.
En aquella oportunidad, Mariotto aseguró que “la amenaza que recibieron los socios está siendo cumplida”, luego de que Toviggino citara en redes sociales un mensaje del vicepresidente de Banfield, Mauricio Bonafina, y agregara un mensaje intimidante. Meses después, el propio Mariotto salió a respaldar públicamente a Tapia cuando se generó la polémica por el título otorgado a Rosario Central, alineándose con los mensajes que desde AFA apuntaban contra Estudiantes, el club que denunció que no había existido votación alguna. Otro caso similar fue el de Carlos Anacleto, presidente de Gimnasia La Plata, que tras ganar las elecciones deslizó en la AFA la posibilidad de avanzar hacia un modelo mixto en los clubes, con participación privada. A los pocos días, terminó ofreciendo disculpas y acercándose políticamente a la conducción de Tapia. Ni Verón ni Milito parecen dispuestos a funcionar de esa manera.
En la AFA también cayó mal que Milito le quitara a Blanco, en febrero de 2026, su histórico palco y el estacionamiento interno del Cilindro. Y todavía recuerdan otro episodio: cuando Racing necesitó que la Aprevide levantara la sanción que le impedía recibir público frente a River, por los octavos de final del Clausura 2025, Milito recurrió directamente a Axel Kicillof, uno de los principales aliados políticos de Tapia.
La relación entre Milito y Cristian Malaspina tampoco es cercana. Todo remite a una vieja rencilla de 2019, cuando, según la versión del presidente de Argentinos Juniors, Milito le “llenó la cabeza” a Gabriel Hauche para convencerlo de dejar La Paternal y sumarse al plantel de Sebastián Beccacece. Si bien el tema no pasó a mayores, desde entonces el exgoleador quedó marcado para algunos dirigentes como alguien ajeno a las “buenas costumbres” del ambiente.

Consultados por LA NACION, desde la Casa Madre descartaron la posibilidad de una sanción disciplinaria contra Milito, como sí ocurrió a fines de 2025 con Juan Sebastián Verón, suspendido durante seis meses “para toda actividad relacionada con el fútbol” por el famoso pasillo de espaldas que los jugadores de Estudiantes les hicieron a los de Rosario Central. En la AFA minimizan lo sucedido en Rosario: consideran que “no pasó nada grave”, relativizan la expulsión de Maravilla Martínez -decisión tomada por Herrera tras la intervención de Pablo Dóvalo desde el VAR- y consideran que sancionar a Milito solo serviría para “victimizarlo”.
Tampoco ayudó, hacia adentro, la estrecha relación entre Milito y Verón. Fueron compañeros en Inter y en la selección argentina, y aunque el presidente de Racing había evitado exponer públicamente cuál era su idea de conducción, fue el propio Verón quien reveló que ambos se reunían desde mucho antes de la candidatura para hablar sobre gestión y modelos de clubes, y que “coinciden mucho” en la manera de pensar el fútbol.
Entre los dirigentes, Milito sigue siendo observado con desconfianza. En tono burlón, algunos integrantes del Comité Ejecutivo suelen repetir que “Milito hay uno solo”, recreando el viejo cantito de Racing e Independiente sobre quién de los dos hermanos era mejor, si Diego o Gabriel. Y en ese juego interno, muchos ya eligieron de qué lado ponerse.
Para buena parte del círculo rojo de la AFA, Milito nunca terminó de pertenecer. Aunque hasta ahora no había roto públicamente relaciones, desde hace tiempo lo ubican en el mismo grupo que Estudiantes, River y Talleres, con una diferencia importante: mientras esos clubes blanquean abiertamente sus diferencias con Tapia, Milito intentó sostener durante mucho tiempo una neutralidad incómoda que, dentro de la dinámica particular de la AFA, suele interpretarse casi como una declaración de guerra silenciosa.

River, por ejemplo, ya no participa activamente de las reuniones de Comité Ejecutivo, pero el vínculo institucional todavía existe. De hecho, este jueves, durante el Día del Dirigente Deportivo, Ignacio Villarroel -vicepresidente riverplatense y exrepresentante del club en la AFA- fue el primero en enviar un saludo al grupo de WhatsApp que comparten los clubes. Talleres, con Andrés Fassi, directamente se ubica en las antípodas ideológicas de Tapia y de gran parte del fútbol argentino, aunque el mandamás de la “T” lleva años moviéndose dentro del sistema y sabe cuándo marcar diferencias y cuándo convivir con ellas.
El trasfondo, en realidad, excede a Milito. Otros exfutbolistas devenidos presidentes, como Gonzalo Belloso -de Rosario Central- o Luis Artime -de Belgrano, de Córdoba-, lograron adaptarse al perfil histórico del dirigente argentino: el que comprende la política del fútbol, sabe negociar, construye alianzas y acepta la verticalidad como sistema.
Ese quiebre quedó al descubierto cuando los clubes decidieron decretar un paro en la novena fecha del Apertura en respaldo a Tapia y Toviggino, en medio de la causa judicial. Racing fue uno de los pocos equipos que optó por no publicar un comunicado de apoyo. Dentro de la AFA, incluso quienes reconocen que Milito puede aportar ideas interesantes -como el fair play financiero que alguna vez intentó impulsar la Superliga- advierten que será imposible avanzar en cualquier reforma si Racing continúa sin involucrarse políticamente en el día a día del Comité Ejecutivo. El representante habitual del club en las reuniones suele ser Kevin Feldman, secretario general de la institución.
En el fútbol argentino, cuando un club considera que un árbitro perjudicó sistemáticamente a su equipo, lo habitual es plantearlo puertas adentro y pedir discretamente que ese juez no vuelva a dirigirlo. Es lo que muchos dirigentes definen como “hablar donde corresponde”. Nadie se inmolaría planteando algo así en plena reunión de Comité, mucho menos un presidente sin buena relación con Tapia, que suele tener la última palabra en estas cuestiones y difícilmente acceda a un pedido realizado a través de los medios y en forma de queja.
Nada mejor q empezar a reconstruir puertas adentro, dos goles anulados a central, nada q discutir en las expulsiones, una mano de pintura y baños químicos a veces no alcanza para la grandeza de un club, si estás dispuesto a reconstruir el futbol argentino es indispensable q…
— Hernan Arboleya (@HernanArboleya) May 14, 2026
Tras las declaraciones de Milito, dos dirigentes salieron rápidamente a cruzarlo. El primero fue Hernán Arboleya, de Lanús, que escribió en redes sociales: “Nada mejor que empezar a reconstruir puertas adentro, dos goles anulados a Central, nada que discutir en las expulsiones. Una mano de pintura y baños químicos a veces no alcanzan para la grandeza de un club. Si estás dispuesto a reconstruir el fútbol argentino es indispensable que participes; no todo es cámara en los vestuarios”. El mensaje mezcló una ironía sobre las obras impulsadas por Milito en el Cilindro -uno de los aspectos más cuestionados de la gestión de Víctor Blanco- con una referencia al arbitraje de Herrera, aunque con un detalle inexacto: a Central no le anularon dos goles, sino uno solo, a Alejo Véliz, en una jugada finísima de offside.
En otro tono, Fabián Lovato, histórico de San Telmo y actual secretario de selecciones juveniles de la AFA, uno de los viejos laderos de Tapia desde los tiempos en los que comenzó a construir poder en el ascenso, publicó un extenso mensaje en el que felicitó a sus pares por “seguir construyendo un fútbol más competitivo y más grande”. El texto estaba acompañado por una foto de Tapia y cerraba con el hashtag #DirigenteSeNace. Minutos después redobló la apuesta con otra publicación: “Dirigente SIEMPRE, tribunero NUNCA”.

Del lado de Racing, el único que se pronunció fue Hernán Lacunza, vicepresidente primero del club, que hizo un repaso por ocho puntos por los que considera que el fútbol argentino es una “competencia rota”, desde el torneo de 30 equipos hasta el sistema de playoffs, para cerrar con una frase contundente: “Que la abundancia de Messi, Di María, Julián y Lautaro nos vuelva a sacar campeones, pero no tape la necesidad y la potencia de una competencia local sana”.
De todos modos, en la AFA no creen que el estallido de Milito vaya a provocar una ruptura política de fondo. Si bien aceptan que no es menor que un club grande como Racing haya decidido plantarse públicamente, tampoco ven hoy un escenario de quiebre entre dos bloques dirigenciales. “Milito está obligado a salir a gritar. Pero la conmoción no existe y los dirigentes siguen todos calladitos. Todavía no están dadas las condiciones para gatillar un enfrentamiento. Tienen que pasar un montón de cosas. Hay más de 20 clubes con mucho en juego”, desliza alguien que frecuenta los pasillos de la Liga Profesional.
Una radiografía bastante precisa de cómo se vive el poder en el fútbol argentino: un ecosistema donde no existen los grises y donde el celeste y el blanco tampoco son colores neutrales.
La Nación




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