25.2 C
Chumbicha
1 mayo 2026, 2:39 pm

Iván: “Compartí celda con Gallo y me daba rabia que le robaran el tiempo con su hijo”

- Publicidad -

El crudo testimonio de un joven colombiano que conoció al gendarme catamarqueño y luego quedó en libertad.

POLICIALES

- Publicidad -

Por Redacción El Esquiu

8/1/2026 · 00:46 hs

El drama de los presos políticos en Venezuela tiene un nuevo y desgarrador testimonio que toca de cerca a Catamarca. Iván Colmenares, un joven colombiano que pasó un año detenido por el régimen de Nicolás Maduro, rompió el silencio tras recuperar su libertad.

En una entrevista con el canal de televisión TN, Colmenares reveló detalles inéditos sobre su cautiverio en la temida cárcel de El Rodeo, donde el destino lo cruzó con el gendarme catamarqueño Nahuel Gallo.

Según detalló el ex preso político, fue detenido arbitrariamente cuando intentaba sellar su pasaporte para cruzar de Colombia a Venezuela. Lo que debía ser un trámite migratorio rutinario se convirtió en una pesadilla de acusaciones falsas de “terrorismo” y “conspiración”.

Tras un mes en las instalaciones de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), fue trasladado a El Rodeo 1, ahora rebautizado como Cesmas, una prisión de máxima seguridad.

“Yo llegué a El Rodeo el 25 de noviembre y Agustín llegó el 13 de diciembre. Recuerdo que lo pusieron en la celda de al lado”, relató Iván, refiriéndose al gendarme argentino por su segundo nombre, como era conocido entre los reclusos.
La llegada de nuevos detenidos siempre generaba tensión y solidaridad entre los presos. Colmenares contó que intentaban calmar a los recién llegados, quienes arribaban “choqueados” por la situación.

De esa interacción inicial nació una profunda amistad. “Al final terminé siendo el compañero de celda del argentino Agustín y duramos prácticamente todo el año de cautiverio. Puedo decir que era como mi mejor amigo dentro de Cesmas”, confesó.

Juntos comprendieron la cruel realidad de su situación: no eran delincuentes, sino “presos políticos”, fichas de cambio que el régimen utilizaba para negociar intereses políticos o económicos con otros países.

Uno de los aspectos más emotivos del relato fue la incomunicación. Gallo, según su compañero, vivía una tortura adicional al no recordar los números de teléfono de su familia de memoria.

“Ellos nos dieron una primera llamada después de siete meses, pero lastimosamente Agustín no tenía ningún contacto”, explicó Colmenares, describiendo la angustia de esos meses de silencio total.

A pesar de las restricciones, los presos intentaban enviar mensajes al exterior por vías clandestinas, solo para que sus familias supieran que seguían vivos tras meses de incertidumbre absoluta.

Las conversaciones, según el joven colombiano, en la celda giraban en torno a los afectos. Iván recordó que Gallo hablaba constantemente de su hijo y de su abuelo, mostrando un apego emocional que lo mantenía en pie.

“Él hablaba muchísimo de su hijo, de su crecimiento. Me daba mucha rabia porque le estaban robando ese tiempo, esos lazos que se crean entre un padre y un hijo”, expresó conmovido el joven colombiano.

El exdetenido también confirmó los tratos inhumanos dentro del penal. Describió un régimen de terror, donde la obediencia se imponía mediante la coacción y el castigo físico.

“Nos encapuchaban, nos esposaban y nos pegaban con los rifles en los traslados”, detalló sobre la brutalidad de los guardias y agentes de inteligencia.

La violencia no se limitaba a los traslados. Dentro de las celdas, el uso de gas lacrimógeno y gas pimienta era moneda corriente si los reclusos no cumplían con las órdenes arbitrarias de los custodios, agregó.

Colmenares también se refirió a la “obra teatral” que arma el sistema judicial venezolano, donde se inventan causas y se obliga a los detenidos a firmar documentos sin consentimiento ni defensa legal real.

En su caso particular, declaró que fue acusado de formar parte de un grupo liderado por un supuesto mercenario para ingresar armamento y derrocar al gobierno, una narrativa ficticia utilizada para justificar su encierro.

El joven colombiano destacó que en El Rodeo había detenidos de más de 35 nacionalidades, todos víctimas de un sistema que viola sistemáticamente los derechos humanos y el debido proceso.

A pesar de haber recuperado su libertad, Iván no olvida a quienes quedaron atrás. En su testimonio pidió auxilio para que los gobiernos intervengan por los que siguen “secuestrados” por el régimen.

“No es justo que esas personas estén viviendo el flagelo del secuestro y de la desaparición forzada”, sentenció, haciendo un llamado directo a las entidades diplomáticas.

Su relato finalizó con un pedido de justicia y libertad para su amigo “Agustín” y para todos los que, como el gendarme catamarqueño, continúan esperando que la pesadilla termine.

- Publicidad -

OTROS ARTICULOS

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

- Publicidad -

MAS NOTICIAS