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23 junio 2026, 11:27 pm

Inglaterra se tomó el día en el Mundial, no acudió a la cita en el gris 0-0 ante Ghana

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Se tomó el día Inglaterra en el Mundial. No acudió a la cita, pareció no enterarse del compromiso y responsabilidad que tenía. Dejó pasar el partido contra Ghana sin estar a la altura de su auspicioso 4-2 ante Croacia en el debut. El gris y descafeinado 0-0 no le hizo ningún favor a su imagen. Un escalón por debajo de los candidatos al título, Inglaterra hizo muy poco para acortar esa brecha con el pequeño lote de equipos más calificados.

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Harry Kane le pidió explicaciones al árbitro hondureño Saíd Martínez cuando marcó el final del encuentro. El delantero creía que no se habían completado los ocho minutos adicionados. No parecía una cuestión de segundos más o menos, ya que daba la impresión de que el partido podía seguir hasta la medianoche e Inglaterra no iba a convertir un gol. Imposible que lo hiciera en un primer tiempo que lo mostró absolutamente irresoluto, incapaz de generar una sola situación. Y en el segundo se acordó demasiado tarde, demora que también atrapó a Thomas Tuchel para hacer los cambios. Bukayo Saka y Marcus Rashford ya habían sido importantes revulsivos ante Croacia y frente a la pétrea Ghana deberían haber ingresado mucho antes.

El día en que llegó a los 116 partidos con Inglaterra y superó a David Beckham en el tercer puesto de presencias históricas, Kane estuvo extrañamente diluido. Quedó encajonado entre los rigurosos zagueros centrales africanos, no se ocupó de lo que hace habitualmente: retroceder para ser un partícipe activo en la construcción del juego. Por mérito propio se ganó el concepto de que es un N° 9 goleador que piensa el fútbol con la cabeza de un N° 10. Nada de eso se vio en Boston, ciudad estadounidense que quizá mejor simboliza la idiosincrasia británica en su fisonomía y estilo de vida.

Pero Kane no estuvo para nada, ni siquiera para entregar un mínimo arresto del gran goleador que es. Costaba creer que fuera él el que remató muy arriba del travesaño, apenas afuera del área chica, tras tomar un rebote en el travesaño de un cabezazo de Nico O’Reilly, otro al que Tuchel retuvo más tiempo del debido en el banco.

¡NO HARRY! 😲 Kane tuvo el gol de la victoria pero su remate a metros del arco se fue a las nubes

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— telefe (@telefe) June 23, 2026

La citada fue la ocasión de gol más clara de Inglaterra en todo el partido, junto a un cabezazo del zaguero Marc Guéhi que despejó un zaguero a un par de metros del arco. Esas situaciones también aplican como síntoma de los problemas que padecieron los Three Lions para ser profundos y claros.

El veterano y perspicaz entrenador Carlos Queiroz, a los 73 años, va por su quinto mundial consecutivo, tiempo en el que fue implantando en diferentes selecciones dispositivos defensivos organizados y firmes. La Argentina sudó la gota gorda para vencer al Irán del DT portugués en 2014. Cuando enfrenta a rivales de más nombre y mayor potencial, sus equipos se encierran en un bloque bajo, con las líneas juntas y un sistema de ayudas en el que cada jugador siempre tiene el auxilio cerca de algún compañero. Todo bajo el liderazgo de Thomas Partey, de importante recorrido en la Premier League y la Liga de España, que quedó al margen del debut contra Panamá por los problemas de visado para ingresar por Canadá debido a las causas de agresión y violación que tiene en el Reino Unido.

Queiroz es la clase de director técnico al que recurren federaciones que están en emergencia y necesitan que alguien arme algo confiable con pocos recursos y en escaso tiempo. No siempre saca agua de las piedras. Volvió a Irán dos meses antes del Mundial de Qatar e Inglaterra le endosó un furioso 6-2.

Tras desvincularse de Omán en marzo, su teléfono sonó al mes siguiente con el ofrecimiento de Ghana. Aceptó preparar al equipo en menos de dos meses y debutar directamente en el Mundial. Fiel a su libreto, armó el equipo de atrás hacia adelante. La defensa es el sostén de todo. Prevenido de la paliza que le dio Inglaterra cuatro años atrás, Queiroz diseñó para este martes un esquema conservador más robusto e intenso. Ghana llegaba con la inyección de confianza que le dio el 1-0 sobre Panamá en la primera fecha. Y también con la consideración que merece un conjunto que, para complementar su macizo bloque de contención, está en condiciones de preocupar en ataque con el potente Semenyo, el extremo incorporado en enero a Manchester City por pedido de Guardiola, y con Iñaki Williams, si bien ya no tiene la chispa de sus mejores épocas en Athletic Bilbao. De referente en la ofensiva queda el histórico Jordan Ayew, que pasó los 120 partidos internacionales con la camiseta nacional.

Inglaterra le facilitó el trabajo a Ghana con una posesión estéril e inocua. En el primer tiempo movió la pelota de manera parsimoniosa, sin sorpresa ni cambio de ritmo. No se le ocurría nada frente a la pared amarilla que se plantaba en una franja de 30 metros. A Inglaterra le pesaba la obligación de pensar y ser creativo. Mucho pase lateral y tendencia a caer en el embotellamiento central. Las duplas que debían asociarse por las bandas apenas si se entendían. Hubo una insinuación entre James y Madueke, pero no pasó a mayores. Del lado de Spence y Gordon, directamente nada. Solo confusión y choques.

Le sonó el despertador a Inglaterra en el segundo tiempo, espabiló un poco, sin despejarse del todo mentalmente. Al moverse algo más, también dejó espacios para el contraataque. Ghana puso en aprietos a Pickford con un par de llegadas de Adu. Nada trascendente en las dos áreas. Inglaterra pasó de costado por un partido sumido en la intrascendencia.


Fuente: La Nación

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