Perdió aliados y perdió a todo su electorado a manos de Javier Milei.

POLÍTICA
Por Redacción El Esquiu
17/11/2025 · 01:02 hs
“El problema no es la identidad del partido, es electoral. El PRO tiene previsibilidad y coherencia, pero el problema es que Milei tiene a nuestro electorado”.
Las palabras de Mauricio Macri retumbaron, en la sede nacional, como la admisión de una derrota. Javier Milei ganó la elección y, pese a las humillaciones, el PRO decidió acompañarlo. No había lugar para otra cosa: solo resistir y fantasear con retener provincias e intendencias en 2027. Casi nadie habla ya, en cambio, de candidaturas presidenciales.
La comparación se escucha cada vez más en las filas del partido amarillo: el PRO se está convirtiendo en la UCR. Algunos lo dicen con bronca, buscando culpables, otros con resignación. El punto es que, tras la victoria electoral de La Libertad Avanza, Macri aceptó que se quedó sin herramientas para disputarle la hegemonía a Milei y que lo único que queda por hacer es replegarse, proteger la Ciudad de Buenos Aires y esperar la llegada de 2027 en una sola pieza.
“Estamos todos viendo cómo sobrevive algo que se va a morir”, suspira un peso pesado del PRO que mantiene un diálogo cotidiano con Macri. Está preocupado, como muchos, por la ausencia de un proyecto de poder nacional. No hay hoja de ruta ni proyecto, solo una lógica conservacionista: retener las provincias que gobiernan (Entre Ríos, CABA, Chubut), proteger a los intendentes y evitar más fugas.
El objetivo más claro es preservar la última joya de la abuela, la Ciudad de Buenos Aires. El acuerdo de Macri con Milei es que, en 2027, habrá una PASO entre el PRO y LLA y quien gane será el candidato a jefe de Gobierno porteño. Sospechan que el elegido libertario será Manuel Adorni, no Patricia Bullrich. “Ellos son un proyecto hegemónico de sumisión, ¿por qué, en condiciones ideales, la pondrían a ella, con su prontuario?”, sostiene un referente amarillo, al tanto de las conversaciones.
Frente a este escenario, el plan es robustecer la imagen de Jorge Macri, quien viene de hacer una pésima elección local y cuenta con muy pocos amigos internos. Son escasos los dirigentes del PRO que le tienen aprecio al primo Jorge, pero admiten que es el candidato que hay y que el objetivo, de cara a 2027, es multiplicar la inversión en obra pública. El mayor temor, en este contexto, es Horacio Rodríguez Larreta, que saben que puede robarles votos del PRO más puro.
En paralelo, el PRO buscará conservar las provincias que ya gobierna. Macri sabe que no tiene ningún poder sobre Ignacio Torres o Rogelio Frigerio, que negocian por motu proprio con el Gobierno y que analizan cerrar acuerdos electorales en 2027 para poder renovar. Ni sobre ellos ni sobre muchos de los intendentes o referentes provinciales que piden autonomía para acordar con LLA dentro de dos años, tal como se hizo en 2025.
La posibilidad de un candidato presidencial en 2027 es, por ahora, una quimera. Macri lo había afirmado, primero, pero sabe, sin embargo, que no tiene espalda para ordenarle a nadie en el PRO que juegue en contra del Gobierno: así ya se lo advirtieron algunos diputados, que descuentan que el bloque jugará en tándem con el Gobierno, interbloque o no interbloque. Macri buscará, pese a todo, asegurarse la mayor cantidad de leales en el Congreso.
Hay dos corrientes internas en el PRO. La primera, que respalda la mayoría, es la que sostiene priorizar los armados territoriales, acompañar al Gobierno y esperar, si es necesario, a 2031 para una candidatura nacional. La otra es la que encabeza María Eugenia Vidal.
Vidal tiene pretensiones de presidir el partido en junio, cuando renueven las autoridades. Tiene el aval de Macri, pese a que rechazó encabezar la lista en CABA cuando se lo pidió –Lospennato fue el Plan B– y decidió no participar de la campaña nacional, enfrentándose, así, con gran parte de la dirigencia del PRO.
Después de las elecciones, Vidal fue una de las voceras más duras contra el Gobierno dentro del PRO.
Pese al malhumor que genera su figura en gran parte de la dirigencia, Vidal es una de las pocas –sino la única– que está trabajando para ser candidata a presidenta en 2027. “La venganza del PRO la está escribiendo ella”, señaló un referente que, sin embargo, cuestiona su entronamiento: “María Eugenia hace siete años que no para de equivocarse. Su decisión de volver a la Ciudad fue la madre de todas las batallas”.
Hasta ahora, solo hay dos caminos posibles trazados para el PRO. Uno, el mayoritario, que implica replegarse sobre sí y dedicarse a gobernar un puñado de provincias.
Otro, un proyecto nacional, que encabeza Vidal sin amigos. Macri, mientras tanto, espera, y se debilita día tras día hasta parecer una sombra.











