En tiempos pasados, la localidad de San Vicente era reconocida por un sonido característico: el de tres sirenas que marcaban el inicio y fin de las jornadas laborales en las fábricas de cosechadoras. A través del documental «Tracción a Sangre», el director Luciano Prósperi busca recuperar la memoria de un pueblo que vivió al compás de su industria, donde el trabajo no solo significaba la fabricación de máquinas, sino también la construcción de un futuro para sus habitantes.
El documental, que dura 40 minutos, fue presentado en la Fiesta Nacional de la Cosechadora y narra cómo San Vicente se convirtió en un pilar fundamental de la mecanización agrícola en Argentina. La historia está marcada por las contribuciones de los obreros, ingenieros y empresarios que hicieron posible la producción de cosechadoras, comenzando con la primera cosechadora de Sudamérica, fabricada en el país.
San Vicente y su vecina Sunchales han sido clave en la evolución de la maquinaria agrícola. Mientras que Sunchales se asoció con el desarrollo de la cosechadora autopropulsada, San Vicente se destacó por la fabricación de cosechadoras a tracción a sangre, como lo explica Prósperi: «Una era tracción a sangre -por eso el documental se llama así- y la otra era autopropulsada».
La Huella de las Fábricas
Las fábricas Senor, Bernardín y Bofelli son mencionadas como símbolos de una época dorada en la industria de San Vicente. Prósperi destaca que en su mejor momento, las fábricas producían hasta tres cosechadoras diarias, un logro comparable al de la industria automotriz.
La necesidad de trabajadores capacitados llevó a la creación de la Escuela Técnica de San Vicente, un centro educativo impulsado por los mismos fabricantes que requerían mano de obra especializada. Este círculo virtuoso ayudó a consolidar la identidad industrial del pueblo, que vio en la maquinaria agrícola no solo una fuente de empleo, sino un legado.
El Silencio Tras el Cierre
A medida que las fábricas cerraron sus puertas, el eco de las sirenas se extinguió, dejando un vacío en la comunidad. Prósperi comparte cómo su padre, quien trabajó en Senor, vivió el dolor de la desaparición de la industria: «Recuerdo a mi papá llorar cuando pasaba por frente de la fábrica».
El cierre de Bernardín marcó el final de un ciclo, y el silencio que siguió fue devastador para el pueblo: «Quedó todo en silencio, la gente muy triste, un pueblo devastado».
Rescatando la Memoria
La historia de «Tracción a Sangre» no solo se basa en la industria, sino en las personas que formaron parte de ella. Prósperi encontró latas de película antiguas en un galpón, que contenían imágenes de la fábrica Senor, lo que lo llevó a reflexionar sobre la importancia de preservar esta herencia. La muerte de su padre en 2014 lo impulsó a dar vida a un proyecto que se convirtió en un homenaje a su legado y el de su comunidad.
El documental busca que las futuras generaciones conozcan la historia de San Vicente y su identidad industrial: «Quiero que los jóvenes entiendan de dónde vienen y conozcan la identidad de un pueblo que transformó al país».
Un Legado que Persiste
La película es un tributo a quienes imaginaron y fabricaron las cosechadoras, así como a todos aquellos que, con esfuerzo y dedicación, hicieron posible que esas máquinas llegaran al campo. Aunque las sirenas ya no suenan, la memoria de la industria y el espíritu de la comunidad de San Vicente perduran a través de relatos y recuerdos.
Fuente: Info Campo











