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27 abril 2026, 12:17 pm

El descenso en la vacunación de niños y adolescentes encendió las alarmas

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Cuando baja la cobertura, aumenta la posibilidad de brotes de enfermedades prevenibles, como el sarampión, la tos ferina o la poliomielitis.

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La disminución en las tasas de vacunación plantea riesgos concretos para la salud pública, ya que, cuando baja la cobertura, aumenta la posibilidad de brotes de enfermedades prevenibles, como el sarampión, la tos ferina o la poliomielitis, lo que puede traducirse en más casos, internaciones y complicaciones.

Además, se debilita la inmunidad colectiva, que es la protección indirecta que se logra cuando la mayoría de la población está vacunada, dejando más expuestas a personas que no pueden vacunarse, como bebés pequeños o quienes tienen el sistema inmunológico comprometido, según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas.

“Durante los últimos 50 años, esta herramienta de salud pública ha salvado más de 150 millones de vidas, transformando enfermedades antes mortales en prevenibles gracias a la vacunación”, aseguró la Dra. Valeria El Haj. Sin embargo, el escenario actual es frágil: en los últimos años, el descenso en la vacunación de niños y adolescentes encendió las alarmas.

En la actualidad, el mayor desafío no es solo el virus, sino la información falsa y la ciencia es contundente frente a los mitos más comunes:

  • Seguridad: las vacunas pasan por años de pruebas científicas antes de ser autorizadas. Los mitos sobre el autismo y los microchips carecen de base real; la evidencia confirma que son seguras y necesarias.
  • Eficacia: aunque la higiene y el agua potable son fundamentales para la salud, no reemplazan la protección que brindan las vacunas. Solo la vacunación permite generar defensas específicas frente a enfermedades que circulan a nivel global.
  • Carga inmunológica: aplicar varias vacunas juntas es seguro e importante para completar el calendario a tiempo; no «sobrecarga» el sistema de los niños.
  • Grupos de riesgo: en el embarazo, la vacunación es vital para proteger la salud de la madre y del bebé. Asimismo, la vacuna contra la gripe es una barrera contra una enfermedad que causa hasta 650.000 muertes anuales.

“Recuperar la confianza social y garantizar el acceso igualitario como prioridades actuales. No se trata solo de protección individual, sino de una responsabilidad compartida. Invertir en salud y educación no es opcional: es la única forma de asegurar que las futuras generaciones crezcan libres de enfermedades que ya sabemos cómo evitar», finalizó la Dra. El Haj.

Un informe analizó el estado de la vacunación en Argentina

Un reciente informe de CIPPEC (Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento) analizó el estado de la vacunación en Argentina en una iniciativa que reunió a referentes del sector público, obras sociales, organizaciones de la sociedad civil y organismos internacionales, con el objetivo de reflexionar sobre los desafíos actuales de la inmunización en el país.

Según el informe, las tasas de vacunación en la Argentina se encuentran por debajo de los niveles necesarios para garantizar una protección colectiva adecuada. En los últimos años, las coberturas de vacunación del Calendario Nacional, gratuito y obligatorio, mostraron valores por debajo del umbral del 95% asociado a la inmunidad colectiva. Esta situación, observada desde 2018, se extiende a las diferentes etapas de la vida, incluyendo población infantil, adolescente y adulta.

En Argentina, entre 2022 y 2024, alrededor de 1,7 millones de niños no recibieron alguna de las vacunas correspondientes a su edad y la situación se agrava en los refuerzos de la segunda infancia y la adolescencia, donde se registran las caídas más pronunciadas.

Por ejemplo, el refuerzo de la vacuna triple viral, que protege contra sarampión, rubéola y paperas, alcanzó apenas el 46,7% en niños de 5 años, cuando hace menos de una década superaba el 90%. La cobertura contra la poliomielitis en el mismo grupo descendió al 47,6%.

En adolescentes, la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano (VPH), clave para prevenir distintos tipos de cáncer, llegó en 2024 al 55,5% en mujeres y al 50,9% en varones, muy por debajo de los niveles registrados años atrás.

Las bajas coberturas no solo se limitan a la infancia, ya que, los adultos y las personas mayores (+65 años) no siempre reciben las vacunas recomendadas para su edad, en parte debido a la organización del sistema de salud.

Según el Índice de Confianza y Acceso a las Vacunas de la Fundación Bunge y Born, Argentina registra niveles de confianza cercanos al 86%, superior a los de muchos países de la región. El verdadero desafío es una reticencia difusa y multicausal, alimentada por la circulación de desinformación en redes sociales, incluso reproducida por algunos profesionales de la salud, y por la ausencia de recomendación activa de los equipos sanitarios. Este fenómeno es especialmente marcado en jóvenes de 15 a 25 años.

Entre los factores que explican la caída general, se identifican también las barreras de acceso – horarios restringidos de los centros de salud, distancia a los vacunatorios, dificultades para ausentarse del trabajo- y una percepción del riesgo debilitada por el propio éxito histórico de la vacunación: la reducción de la circulación de ciertas enfermedades llevó a subestimar su amenaza.

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