Con más esfuerzo y cuidado, pero generando menos sorpresa e impacto que el año pasado, el Gobierno nacional utilizó una vez más el Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia

EDITORIAL
Por Redacción El Esquiu
25/3/2025 · 01:29 hs
Con más esfuerzo y cuidado, pero generando menos sorpresa e impacto que el año pasado, el Gobierno nacional utilizó una vez más el Día de la Memoria, por la Verdad y la Justicia, para insistir en su prédica reivindicatoria y negacionista del denominado Proceso de Reorganización Nacional, la dictadura cívico-militar que puso fin al Gobierno de María Estela Martínez de Perón el 24 de marzo de 1976 y condujo el país hasta el 10 de diciembre de 1983. Lo hizo a través de un corto fílmico de casi 20 minutos de duración, en el que el referente de la extrema derecha Agustín Laje actúa como único narrador, respaldando sus afirmaciones con materiales de archivo minuciosamente seleccionados y recortados para sostener la teoría que el pequeño documental expone. Laje refiere la inquietud personal de indagar más allá de lo que considera el relato instalado y propone conocer la verdad histórica, “la verdad completa”, leimotiv del spot oficial. Al cabo, sin embargo, el trabajo peca de aquello que condena, porque lo que hace es ofrecer una visión sesgada, selectiva y dirigida, solo que en una dirección opuesta a la que señala como parcial.
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El Gobierno se aferra a algunos conceptos básicos: que había una guerra, que la represión se inició antes del golpe de Estado y que se inventó luego una historia con el objetivo de obtener réditos políticos y económicos. Todo ello sin abandonar la discusión aritmética sobre la cantidad de desaparecidos para descalificar el número 30.000 que tanto molesta. Rastreando hasta la última gacetilla de organizaciones y medios de la época (¿habrá aportado algún material Patricia Bullrich?), se expone en el video cualquier frase que acompañe la lógica del razonamiento elegido. Nada nuevo bajo el sol.
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El gran fracaso del spot no surge, empero, de lo que dice, sino de lo que fatalmente se ve obligado a omitir. Porque el discurso de la “verdad completa” presentado por el Gobierno, indaga a su manera la génesis del conflicto, pero se detiene abruptamente en 1976. Y esa decisión obedece a la imposibilidad real de explicar o justificar todo aquello que se pretende reivindicar, incluso cuando se procurara dar por cierto el manipulador mensaje inicial. Porque lo que ningún negacionista de la dictadura puede hasta hoy defender es el cierre del Congreso de la Nación, el cierre de los sindicatos, el cierre de los partidos políticos, las violentas irrupciones en hogares, la persecución a artistas, el endeudamiento atroz del país, las violaciones a mujeres cautivas, el robo de bebés, la apropiación de bienes, las torturas a inocentes, los exilios forzados, los centros de detención clandestinos, la desaparición de cuerpos, las personas vivas arrojadas al mar, el enriquecimiento grosero de jerarcas militares y sus asociados (grupos económicos y particulares cómplices) y tantas aberraciones y crueldades consumadas poniendo a las fuerzas armadas a masacrar a su propio pueblo. La dictadura fue el período más oscuro y nefasto de la historia reciente, y no hay spot ni maquillaje de palabras que alcance para tapar semejante horror, ni propaganda que impida al pueblo reclamar Memoria, Verdad y Justicia.











