El “año santo” se extenderá hasta el 11 de mayo del año que viene.

SOCIEDAD
Por Redacción El Esquiu
12/1/2026 · 00:26 hs
En un clima de mucha alegría y espíritu sinodal, en las vísperas de la Fiesta del Bautismo del Señor, el templo San Pedro de Alcántara de la comunidad franciscana en Catamarca fue el escenario elegido para la ceremonia de Apertura del Año Jubilar Diocesano por el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú, que se extenderá hasta el 11 de mayo de 2027.
Bajo el lema “Beato Mamerto Esquiú, apóstol y ciudadano, servidor de unidad”, la Iglesia Diocesana de Catamarca comenzó a vivir un tiempo de gracia en torno a la figura de este fraile franciscano y obispo que dio este suelo bendecido por la presencia maternal de la Virgen del Valle, a quien tanto amó.
La fiesta se enmarcó en el 143º aniversario del fallecimiento del Beato Mamerto Esquiú y coincidió con el lanzamiento del Año Jubilar concedido por el Papa Francisco con ocasión de los 800 años del Nacimiento de San Francisco de Asís, fundador de la Orden Franciscana, cuyo carisma hizo vida nuestro querido Beato Esquiú.
El recinto sagrado fue colmado por una gran cantidad de devotos y peregrinos, destacándose la presencia de los hermanos que llegaron peregrinando desde Piedra Blanca, su tierra natal, acompañados por su párroco, el padre Carlos Robledo, junto con autoridades municipales locales, encabezadas por la intendenta de Fray Mamerto Esquiú, Prof. Alejandra Benavídez.
A su arribo al templo franciscano, portando la imagen del Beato Mamerto Esquiú, se inició la celebración de la Santa Misa fue presidida por el obispo diocesano, Mons. Luis Urbanc, y concelebrada por el vicario general de la diócesis, P. Julio Murúa; el provincial de la Provincia Franciscana de la Asunción, Fr. Emilio Andrada; el guardián y rector del templo San Pedro de Alcántara, Fr. Julio Bunader, y numerosos sacerdotes de la diócesis como también de otras provincias hermanas particularmente franciscanos que llegaron especialmente para este acontecimiento especial.
Participaron autoridades civiles encabezadas por el senador por Capital y presidente provisional del Senado, Dr. Ramón Figueroa Castellanos.
Al comienzo de la Eucaristía, el padre Marcelo Amaya dio lectura al decreto mediante el cual, el Obispo convoca a vivir este Año Jubilar Diocesano por el Bicentenario del Natalicio del Beato Mamerto Esquiú.
Luego de la proclamación de la Palabra de Dios, Mons. Urbanc pronunció su homilía comentando que “hemos querido comenzar en este solar, porque acogió a nuestro Beato Esquiú, la mayor parte de su vida, a partir de los 10 años, cuando empezó su formación humanística, y desde los 16 años como postulante de la orden franciscana y formándose en vistas al presbiterado, que recibió a los 22 años. Abocado luego a la docencia, a la predicación y, a partir del famoso sermón de 1853, involucrado en el quehacer político de la Provincia natal, hasta que solicitó a sus superiores que lo apartaran de su terruño para ir a la Misión y poder vivir más a fondo el espíritu de los hermanos menores”.
Un Año Jubilar (o Año Santo) es un tiempo especial de gracia, perdón y renovación en la Iglesia Católica, que se celebra normalmente cada 25 años, con origen en la tradición bíblica israelita de descanso y restitución, e implica peregrinaciones, indulgencias plenarias y llamados a la conversión
Refiriéndose a los textos bíblicos expresó que “hoy, la celebración litúrgica nos pone ante el Bautismo de Jesús, situándonos, mental y espiritualmente, en las orillas del río Jordán. Dejamos atrás la calidez del pesebre de Belén y la adoración de los Reyes Magos para encontrarnos con un Jesús adulto. Ya no es el niño en brazos de María; es el hombre que está a punto de comenzar su misión pública”. Asimismo, afirmó que “el Bautismo de Jesús marca el final de su vida oculta en Nazaret y el comienzo de su vida pública. De la misma manera, nuestra fe no puede ser algo privado u oculto. Esto lo entendió muy bien el Beato Esquiú, y lo vivió con coherencia”.
Hacia el final rogó “que el Espíritu Santo, que descendió sobre Jesús en el Jordán, reavive hoy en nosotros la llama de la fe, para que podamos escuchar en el silencio de nuestro corazón la voz del Padre que nos dice: ‘No temas, yo estoy contigo; tú eres mi hijo amado’. También, como fray Mamerto pongamos toda nuestra confianza en la Virgen del Valle, pues es nuestra Madre y está con nosotros para tranquilizarnos en las adversidades y fortalecer nuestra esperanza”.











