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26 febrero 2024, 12:48 am

«Los científicos tenemos que contarle a la sociedad lo que hacemos», asegura Bibiana Vilá

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Telam SE

Desde que llegó por primera vez al Altiplano, en un viaje de mochilera a los 19 años, Bibiana Vilá se enamoró de los paisajes de la Puna, sus pobladores y las vicuñas.

Años después, tras recibirse de bióloga en la Universidad de Buenos Aires, obtuvo una beca del Conicet para estudiarlas en su hábitat natural. Y esa experiencia de vivir entre montañas junto a las comunidades originarias, compartiendo sus saberes y su cultura, la marcó para siempre.

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Como doctora en Ciencias Biológicas e Investigadora Superior del Conicet, Vilá es actualmente integrante del IPBES (Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos).

También es docente en la Universidad Nacional de Luján y el Instituto de Biología de la Altura de la Universidad Nacional de Jujuy; y Directora de Vicam (Vicuñas, camélidos y ambiente), un grupo interdisciplinario de profesionales que investigan acerca de la biodiversidad andina, las culturas de los pueblos originarios, su historia y las problemáticas socioambientales.

Sus trabajos sobre las vicuñas desde el punto de vista de la “etoecología” (ciencia que estudia la relación evolutiva entre el comportamiento y los factores ambientales como presiones de selección) fueron pioneros a nivel local e internacional.

También su enfoque de integrar conocimientos y prácticas ancestrales a un exitoso programa de conservación de las vicuñas, una especie que estaba en peligro de extinción desde mediados del siglo pasado por la caza furtiva y el comercio de su preciada fibra textil.

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Además de investigar, Bibiana es una activa divulgadora de la diversidad biológica y cultural de la zona Andina, organizando talleres científico-culturales en escuelas, participando con contenidos educativos para el Canal Encuentro y la tira infantil Paka Paka; así como muestras de arte y fotografía, acompañadas por música del Altiplano.

A lo largo de su trayectoria, recibió numerosas distinciones como el premio Midori, otorgado por la Convención de Diversidad Biológica de Naciones Unidas, y más recientemente el premio “Científicas que cuentan” organizado por el Ministerio de Ciencia y la Embajada de Francia.

En diálogo con Télam-Confiar, la investigadora analizó los aspectos biológicos y sociales de las vicuñas y su contribución a la economía y la cultura Andina.

También resaltó la importancia de que los científicos y científicas realicen divulgación, ya sea en forma directa o a través de comunicadores y periodistas especializados.

Telam SE

¿Qué te llevó a dedicarte a estudiar las vicuñas en el norte Argentino?

Mientras estudiaba biología viajé a la zona del Altiplano y me enamoré de sus paisajes y su cultura. Me encantaban los camélidos. Especialmente las vicuñas, que no habían sido estudiadas científicamente en profundidad y tienen un montón de cuestiones interesantes. Entre ellas su adaptación a los ambientes áridos. Son herbívoros en el desierto. Mi tesis doctoral sobre el comportamiento de las vicuñas en temporada reproductiva fue la primera tesis sobre vicuñas en Argentina.

Después hice un posdoctorado en Reino Unido, en el Wildlife Conservation Research Unit, donde me quedó claro que los problemas de conservación de las especies tienen que ver más con las acciones humanas y el entorno social que con la biología. Y volví dispuesta a trabajar en la conservación de las vicuñas desde un punto de vista interdisciplinario.

¿Cómo incorporaste a tu investigación a las comunidades del Altiplano? ¿Qué surgió de ese intercambio?

Cuando estudié la carrera, la biología sólo se ocupaba de los seres vivos no humanos del planeta. Pero en paisajes socio-ecosistémicos como el altiplano, estudiar a las vicuñas aisladas de su contexto sería una equivocación.

En el altiplano hay un paisaje pastoril, que lleva miles de años de existencia, en el que la vicuña es un componente silvestre. Empecé a incorporar los saberes y sentires de los pobladores de la Puna, y en ese diálogo intercultural, surgió un nuevo paradigma de conservación, que permite el aprovechamiento sustentable de la especie.

De este modo mostramos que conservar la biodiversidad y desarrollar una actividad económica local pueden ir de la mano, en el caso de las vicuñas.

Telam SE

Las vicuñas llegaron a estar en peligro de extinción a mediados del siglo pasado. ¿En qué estatus están ahora?

Afortunadamente ahora no están en bajo riesgo de extinción. Pero siguen dependientes de la conservación. Y si se abandonan las leyes que controlan y castigan la caza furtiva y el tráfico de fibras, pueden volver al estado de especie vulnerable.

La población de vicuñas se fue recuperando gracias al esfuerzo de las comunidades y las autoridades locales, que implementaron leyes para protegerlas. Pero luego empezaron a comerse el pasto de las llamas, y a amenazar la economía pastoril.

Fue entonces que dejamos de hacer investigación pura y nos propusimos atender a esta demanda de las comunidades. Así, empezamos a rescatar las técnicas ancestrales de captura de las vicuñas y a incorporarles técnicas y protocolos de bienestar animal.

Con esto logramos esquilar una especie silvestre (hasta mediados del siglo pasado, la fibra de vicuña se obtenía de ejemplares cazados, lo cual llevó a la especie al borde de la extinción).

Fue una situación en la que ganamos todos: las vicuñas, las cooperativas de pastores que obtienen las fibras, el estado provincial que cobra una tasa por ese comercio legal y nosotros que podemos tomar muestras e investigar.

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¿Qué función cumplen estos camélidos para el ambiente, la salud y la economía de los pueblos andinos?

Son animales muy adaptados a vivir en el altiplano, con pastos de baja calidad nutricional. Tienen condiciones que los convierten en pastoreadores de bajo impacto ambiental. Su forma de alimentarse no arranca la vegetación. Además sus patitas tienen almohadillas plantares que evitan que sus pisadas erosionen el piso.

También tienen adaptaciones fisiológicas por las que, si bien son rumiantes como las vacas, emiten mucho menos gas metano (uno de los gases de efecto invernadero responsables del Cambio Climático). Además, en términos culturales, están muy relacionadas con las tradiciones y la religión andinas.

¿Cómo combinás la investigación científica con el arte y la música? ¿De qué se trata el proyecto “Caminos Culturales del Altiplano”?

Toda mi vida me gustó el arte, especialmente la música andina. Junto a la orquesta de ensamble de la Universidad Nacional de Luján, donde soy docente, decidimos salir a escuelas de la zona.

La propuesta consiste en que yo muestro imágenes y les hablo a los chicos de los camélidos, acompañadas por música del altiplano. Y terminamos todos cantando.

También me gusta la fotografía. Hice exposiciones de fotos en la Universidad e integro el coro de mujeres y diversidades de la municipalidad de Luján, donde cantamos con caja. Creo que la ciencia y el arte son complementarios. 

Recibiste el premio Científicas que Cuentan por tu tarea de divulgación de la Ciencia. ¿Por qué considerás importante que los científicos/as salgan a contarle al público lo que hacen?

Es importante que, además de investigar y hacer docencia, hagamos divulgación y que la sociedad sepa qué estamos haciendo y para qué. En especial las comunidades con las que trabajamos, porque además ellos tienen demandas concretas, que terminan siendo temas de nuestras investigaciones. 

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